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FEDRO
Libro: Platón, “Fedro”
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Se
trata de un libro que no se sabe si realmente lo escribió Platón y, aunque así
fuese, no se sabe muy bien en qué época de su vida lo hizo. Este libro se llama
así porque es un diálogo permanente entre Fedro y Sócrates, diálogo en el cual
discuten diversos aspectos de la filosofía de Platón.
Los
temas discutidos son básicamente los siguiebtes: el Alma, el Amor, la Belleza,
la Teoría de las Ideas, la Retórica y la Dialéctica. Hacia el final del libro,
se intenta una síntesis para poder relacionar todos estos conceptos.
Esquemáticamente,
la obra consta de seis (6) partes:
1.
Compara el Amor con la locura.
2.
Habla sobre el Alma y su
inmortalidad.
3.
Explica el alma recurriendo al
Mito del Tiro Alado.
4.
Habla de la Teoría de las Ideas.
5.
Habla sobre la Belleza.
6.
Conjunción o síntesis sobre los
conceptos anteriores incluyendo aquí también referencias a la retórica y la
dialéctica.
EL AMOR
Platón
habló mucho sobre el amor. En “Sofistas” compara el amor con la caza (quizás
por esto se parezcan tanto “cazamiento” y “casamiento”). En otros libros
compara el amor con un dios poderoso, y finalmente en “Fedro” lo compara con la
locura.
Hay
dos formas de locura: 1) la locura como enfermedad psíquica; y 2) la locura
como posesión divina, y esta es la que aquí nos interesa, y que también se
llamará manía o delirio.
La
locura como posesión divina puede adoptar cuatro formas distintas:
1.
La adivinación (en relación al
dios Apolo) (el adivino es un loco)
2.
El delirio religioso o místico
(Dios Dionisios), propio de las iniciaciones y purificaciones. (El místico se
volvió loco).
3.
Inspiración poética o delirio de
las Musas (todo poeta está loco).
4.
Locura Amorosa (Diosa Eros y
diosa Afrodita) (estar loco de amor).
Por
lo tanto, el Amor es una forma de locura.
Hay
varias clases de amor: hay un amor terrenal, pero también un amor celeste (de
aquí lo de amor platónico) que lleva al conocimiento, a la contemplación del
mundo de las Ideas. El amor terrenal, carnal, es para Platón malo, salvo que
esté acompañado por el amor celestial.
En
“El Banquete” y en “Fedro” el amor supremo es el que se manifiesta en el deseo
del bien. Todo amor es siempre amor a algo (a una persona, a un objeto, etc.),
pero el amor no es posesión (si no no habría amor). Tampoco en el amor se está
completamente desposeído del objeto amado (si no no lo amaría), de aquí que en
el amor se da una situación de oscilación entre poseer y no poseer, tener y no
tener al mismo tiempo.
EL ALMA
En
”Fedro” se explica que todo cuerpo que recibe de afuera su movimiento es
inanimado, mientras que el cuerpo que lo recibe de adentro es animado: posee,
en este último caso, un alma. En esto radica la esencia del alma: es algo que
otorga animación, movimiento al cuerpo desde dentro.
En
“Fedón” y “Fedro” Platón discrimina alma de cuerpo: el cuerpo es mortal, y el alma es inmortal y puede
separarse del cuerpo, cuando éste muere, migrando a otro cuerpo. Instalada en
un nuevo cuerpo, el alma puede recordar (reminiscencia) su vida anterior.
El
alma tiene tres funciones, cada una de las cuales está relacionada con
distintas partes del cuerpo. Las funciones son:
1.
Apetitiva (vientre)
2.
Pasional (pecho)
3.
Racional (cabeza)
En
“Fedro”, Platón recurre al mito del “tiro alado” para explicar con mayor
claridad qué es alma y cuál es su modo de operar.
El
tiro alado es un carro que puede volar (tiene alas), que es tirado po un par de
caballos y conducido por un “auriga”.
El
alma puede asemejarse a una fuerza natural que mantiene unidos al carro y su
conductor (el auriga). Los caballos de los dioses son buenos, pero los mortales
tienen un carro conducido por un caballo bueno y otro malo, lo cual hace
difícil la conducción del carro.
El
alma perfecta tiene sus alas intactas y vuela libremente por los cielos, pero
cuando pierde las alas se arrastra sobre la tierra hasta que se apodera de un
cuerpo inanimado, dotándolo de vida: surge así un nuevo ser viviente, mortal.
¿Por qué pueden perderse las alas? Lo que provoca esto es lo malo, lo
vergonzoso, que es lo que consume las alas y las hace perecer. En cambio todo
lo divino, lo sabio y lo bueno alimenta las alas y las hace crecer, de aquí que
el ser mortal, el hombre, debe alimentar
sus alas, perfeccionar su alma.
LA TEORÍA DE LAS IDEAS
Discrimina
aquí Platón dos mundos o regiones: el
mundo sensible (imperfecto, temporal), y el mundo de las Ideas
(perfecto, eterno).
Las
Ideas estás en este mundo último, el
mundo de las Ideas, también llamado supraceleste o “topos uranos”. La
reminiscencia justamente consiste en el acto por el cual el alma accede a la
visión de estas ideas que había ya contemplado en su anterior estado cuando
estaba deligada del cuerpo.
El
lugar supraceleste es la realidad verdadera (y no la apariencia, que sería el
mundo sensible), y sólo puede ser contemplado con la inteligencia (no con los
sentidos). Así, se contemplan las ideas de belleza, justicia, etc. Los dioses,
con sus carros alados, recorren libremente el mundo supraceleste siguiendo movimientos
circulares. Las almas que ingresan a los cuerpos de los mortales, los hombres,
encuentran dificultad para volar libremente, y caen hacia la tierra (aquí se ve
en Platón una interpretación del origen del hombre como una caída). El hombre
común no puede seguir el viaje circular, el cortejo de los dioses.
Se
entiende aquí ahora la ley de Adrastea, que dice que toda alma que habiendo
estado en el cortejo de un dios haya visto algo de lo verdadero, queda excenta
de pruebas hasta la siguiente revolución (pues realiza un movimiento circular).
Pero puede ocurrir que un alma no pueda seguir a los dioses, en cuyo caso no ha
visto la verdad, y se llena de olvido y de maldad, se hace pesada, pierde las alas y cae a tierra.
El
alma que cayó se implanta en un cuerpo humano: puede ser un rey, un guerrero,
un político o negociador, un gimnasta, un médico, un adivino, un versificador,
un artesano, un campesino, un sofista,
un demagogo o un tirano (este orden es decreciente, o sea va de la vida mejor a
la vida peor, siendo el primer grado, el mejor, el sabio o filósofo, que está
antes que el rey). En todas estas clases de hombres el que haya llevado una
vida justa obtiene en otra vida, en recompensa, una vida mejor, y quien haya
llevado una vida injusta, tendrá un destino peor. Por ejemplo el guerrero que
haya tenido una vida justa pasará a ser luego rey, etc.
Cada esxistencia nueva dura 1.000 años, o
sea que si un es tirano y quiere llegar a filósofo, tiene que hacer buena letra
más o menos unos 1.000 años. Por otro lado, si algún alma perdió las alas,
éstas tardan en crecer de nuevo 10.000
años, salvo que uno haya sido filósofo durante tres vidas consecutivas, en cuyo
caso al cumplirse esos tres ciclos (3.000 años) vuelve a tener alas. Las demás
almas, una vez que terminaron su primera existencia, deben someterse a un
juicio, del cual pueden salir condenadas (y van a cumplir su prisión debajo de
la tierra), o bien con una sentencia aligerada, y entonces van a parar a algún
lugar del cielo donde llevan una vida más digna de la que llevaron en la
tierra.
Recordemos que casa 1.000 años se cumple un movimiento
circular por el cielo (se cierra el círculo), y es el momento en que cada alma
elije su segunda existencia de acuerdo a cómo se haya portado anteriormente. El
refrán podría ser entonces “Dime cómo te has portado y te diré cómo te
reencarnarás”.
Todo
este mito del carro alado tiene relación
con la teoría de las Ideas: cuando el filósofo asciende desde el mundo sensible
al mundo de las Ideas, cuando va de lo efímero a lo eterno, de las numerosas
sensaciones a la Idea única, no está sino haciendo una reminiscencia de aquello
que en otro tiempo contempló su alma cuando marchaba en compañía de los dioses.
El
filósofo es el único que sabe servirse de tales recuerdos, y por tanto el único
hombre perfecto, pero como se aparta de las ocupaciones terrenales
consagrándose a lo divino, el vulgo lo reprende, lo trata de loco sin darse
cuenta que es una locura divina, está poseído por los dioses. Esta forma de
locura es la suprema.
LA BELLEZA
En
“Hipias el Mayor” Platón busca averiguar qué es la belleza a partir de la
discusión entre Hipias (empirista y relativista) y Sócrates (racionalista y
absolutista).
Para
Hipias lo bello se capta con los sentidos, por ejemplo lo bello es una muchacha
hermosa. Para Sócrates la belleza es una Idea, se contempla con la inteligencia
(la belleza es lo que hace que las cosas terrenales u otras sean bellas).
Hipias atiende a la apariencia, pero Sócrates dice que debe discriminarse
apariencia de esencia, pues algo puede “parecer” bello y no serio.
En
“Fedro” dice Platón que la Idea de Belleza tiene un privilegio sobre las demás Ideas: por ejemplo
dice que mientras en la tierra no hay imágenes de la Sabiduría, sí las hay de
la Belleza. Las cosas bellas pueden apreciarse con la vista como sentido, las
cosas sabias no.
La
justicia, la templanza y todas las demás Ideas o contemplaciones supraemíricas
no tienen un reflejo en imágenes en este mundo. La Belleza en cambio brilla y
la captamos mediante el más claro de los sentidos: la vista.
CONJUNCIÓN DE LAS DOCTRINAS DE
LA LOCURA, EL ALMA, EL AMOR Y LA BELLEZA
Quien
ha contemplado las realidades del mundo suprasensible (justicia, belleza,
etc.), al ver un rostro que imita bien la belleza verdadera primero siente un
estremecimiento, luego lo venera como a una divinidad y, si no temiera pasar
por un loco exaltado, ofrecería sacrificios a su amado, como a una imagen
santa.
El
alma se vuelve loca al contemplar las cosas bellas, y las ama. Esta oración
puede resumir las relaciones entre alma, locura, belleza y amor.
Cuando
el alma, entonces, contempla algo bello experimenta una ola de deseo, se
reanima, alivia sus sufrimientos y experimenta alegría. En cambio cuando el
alma está separada de la cosa bella amada, enloquece de dolor (aunque su
recuerdo también la alegra). Hay entonces una mezcla de sentimientos opuestos,
característicos de este estado de locura.
En
presencia de lo bello, el alma se obnubila, se olvida de todo, aún de su madre
y amigos. El alma, en este estado, además de la veneración que siente por el
poseedor de la belleza, encuentra en él el remedio para sus penas. Esta es la
condición que los hombres llaman amor.
Todas
estas tragedias y alegrías las sufre quien tuvo el privilegio de contemplar la
Belleza como Idea, o sea el iniciado. En cambio el no iniciado, al contemplar
la cosa bella, no siente veneración por ella y procura una satisfacción
sensorial (por ejmplo fecundar), y no siente ni miedo ni vergüenza de sumirse
en un placer contrario a la naturaleza.
Los
hombre se conducen en la tierra según el dios a cuyo cortejo perteneció su
alma, acomodándose al carácter de ese dios en su trato y relaciones con los
objetos y personas amadas y los demás. Por ejemplo los que son del dios Zeus
investigan si el ser amado es filósofo o director por naturaleza y si es así,
se enamoran de él y hacen todo lo posible para que llegue a serlo
efectivamente, ya que Zeus rige las actividades del filósofo y del director.
RETÓRICA Y DIALÉCTICA
Al
comienzo de “Fedro” Platón critica a la retórica como método de los sofistas,
como método de la persuación. La retórica busca por la persuación convencer al
otro de su verdad, y por tanto no hay verdades únicas. Así, la retórica sofista
o seudoretórica se da más importancia a
la forma de decir algo que al contenido mismo de lo dicho.
Hacia
el final de “Fedro”, Platón habla de la verdadera retórica, o arte de conducir
a la verdad (y no a la persuación del otro). La oratoria, como instrumento de
la retórica, entonces puede estar al servicio de la retórica sofística o bien
de la retórica de la verdad, esta última a la que tiene que aspirar el
filósofo.
El
fundamento de la retórica es la dialéctica. La dialéctica, al conducir a la
verdad, conduce también a la felicidad (aquí coincide Platón con Aristóteles en
cuanto a entender la filosofía como el logro de la felicidad por la vía del
conocimiento).
La
dialéctica es el método filosófico por excelencia, puesto que por la dialéctica
el filósofo va de lo múltiple (mundo sensible) a lo único (mundo de las Ideas),
encontrando en este último el fundamento de lo primero. Por ejemplo como
ascenso, la dialéctica implica ir de la multiplicidad a la unidad, de la
aprehensión sensible de muchos caballos concretos, a la Idea de caballo.
Además
de la oratoria (lo hablado) plantea Platón lo escrito (los libros) como
instrumentos retóricos, pero privilegia el lenguaje hablado: lo escrito está
muerto, petrificado, y para que las ideas escritas revivan deben ser habladas,
es decir, otro hombre debe reproducir en su persona, en su individualidad, en
su situación vital las ideas escritas. Sólo entonces puede decirse que las
frases del libro han sido entendidas y que el decir pretérito se ha salvado.