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EGOCENTRISMO

 

El término egocentrismo "denota un estado cognoscitivo en el cual el sujeto cognoscente ve el mundo sólo desde un punto de vista -el propio-, pero sin conocer la existencia de puntos de vista o perspectivas y, a fortiori, sin tener conciencia de que él es prisionero de su propio punto de vista" (18:80). El egocentrismo se manifiesta en diferentes periodos del desarrollo de la inteligencia: hay un egocentrismo en el lactante, otro en la primera infancia y otro en la adolescencia y, en cada caso, será vencido por el sujeto de diferentes maneras.

 

1. Definición.- Piaget destaca que el egocentrismo no es un concepto de tipo moral (como cuando se asimila egocentrismo a egoísmo) sino epistémico, definiéndolo, en el caso del egocentrismo de la primera infancia, como una "dificultad de tener en cuenta las diferencias de puntos de vista entre los interlocutores y, por tanto, de ser capaz de descentración" (9:120). En general, el término se refiere a un estado normal por el que atraviesa el niño en varias fases de su desarrollo y donde se halla centrado en sí mísmo y sin considerar otro punto de referencia o perspectiva que no sea la propia.

El egocentrismo tiene un aspecto intelectual y un aspecto afectivo y, en cualquiera de ambos casos, puede ser inconciente, como en el caso del niño pequeño que refiere todas las cosas a él sin saberlo, o conciente, como en la adolescencia (8:101-102). Esta última afirmación piagetiana parece contradecirse con otras del mismo autor, que Flavell sintetiza diciendo que "el egocentrismo de Piaget es, por definición, un estado en el cual el sujeto no puede tener conciencia; podría decirse que el sujeto egocéntrico es una especie de solipsista que carece de conciencia tanto del yo como del solipsismo" (18:80). Una línea orientativa para resolver esta aparente discordancia es considerar que, de acuerdo al mismo Piaget, tarde o temprano el egocentrismo será vencido por el sujeto, a medida que va tornándose conciente como consecuencia de confrontar repetidamente su propio punto de vista con el de otros: "es la interacción social la que da el ‘coup de grâce’ definitivo al egocentrismo infantil" (18:174).

 

2. Tipos.- Piaget distingue varios tipos de egocentrismo según el periodo del desarrollo de la inteligencia o la edad en que aparece (8:98-99). Habla, entonces, de un egocentrismo sensorio-motriz o egocentrismo del lactante, de un egocentrismo preoperatorio o de la primera infancia, y de un egocentrismo propio del periodo operatorio, en el cual destaca especialmente el egocentrismo de la adolescencia.

En cada una de estas formas de egocentrismo se cumple la misma ley: "todo nuevo poder de la vida mental empieza por incorporar el mundo en una asimilación egocéntrica, sin encontrar hasta más tarde el equilibrio al componerse con una acomodación a lo real" (8:98). Como se ve, el egocentrismo es eminentemente asimilador: el sujeto modifica funcionalmente la realidad para asimilarla a sus propias estructuras, que entonces constituyen el punto de referencia privilegiado para pensar. En cada etapa, asimismo, el sujeto terminará venciendo o eliminando -por utilizar expresiones del mismo Piaget (7)- su egocentrismo de diferente manera.

Podríamos decir entonces que el egocentrismo recorre a todo lo largo del desarrollo ‘picos’ y ‘bajones’ en forma alternativa en cada una de sus etapas. Señala Flavell que, de acuerdo a la teoría de Piaget, "es probable que el egocentrismo aumente cada vez que, en el curso del desarrollo, el niño comienza a enfrentarse con un campo de acción cognoscitiva nuevo e inexplorado, es decir, cada vez que ingresa a un nuevo plano del funcionamiento cognoscitivo. Esta eclosión del egocentrismo disminuye lentamente a medida que el niño domina de modo progresivo el nuevo dominio, para volver a reafirmarse cuando se produce la aproximación a otro campo nuevo. Por supuesto, el flujo y reflujo del egocentrismo durante el desarrollo ontogenético es una expresión (...) del modelo general de equilibrio que Piaget atribuye a la evolución cognoscitiva..." (18:244).

 

3. Egocentrismo sensorio-motriz.- En los comienzos del desarrollo mental, el egocentrismo se encuentra en íntima relación con la original indiferenciación yo - no yo. A causa de esta indiferenciación, "todo lo que es percibido está centrado en la propia actividad: el yo se halla al principio en el centro de la realidad, precisamente porque no tiene conciencia de sí mísmo, y el mundo exterior se objetivará en la medida en que el yo se construya en tanto que actividad subjetiva e interior. Dicho de otra forma, la conciencia empieza con un egocentrismo inconciente e integral..." (8:25) (9:170).

 

4. Egocentrismo preoperatorio.- El niño del periodo preoperatorio es egocéntrico en relación con las representaciones, así como el recién nacido lo es en relación con las acciones sensomotoras. El egocentrismo preoperatorio se ve claramente cuando a un niño se le pide que mire un objeto desde la posición A y al mismo tiempo se le pide que se lo represente desde la posición B: la respuesta más común es repetir la misma perspectiva egocéntrica de la posición A (18:173-174).

Hay otras formas en que el niño de este periodo exterioriza su egocentrismo. Por ejemplo (18:1784): a) al niño le cuesta ver su propio punto de vista como uno más entre muchos posibles, y cuando el niño habla hace pocos esfuerzos por adecuar su discurso a las necesidades del oyente. "Gran parte de su charla está dirigida a sí mísmo, es habla egocéntrica, incluso cuando se halla en compañía de otros. Halla difícil (y hasta innecesario) intercambiar ideas con los demás, dado que ello requiere ubicarse en la perspectiva de otro para coordinarla o contrastarla con la propia" (18:294); b) el niño no siente necesidad de justificar sus razonamientos ante otros ni de buscar posibles contradicciones a su lógica.

Dentro del periodo preoperatorio, existe una vinculación importante entre el pensamiento intuitivo propio de dicho periodo , y el egocentrismo. Así, "una relación intuitiva resulta siempre de una ‘centración’ del pensamiento en función de la actividad propia, por oposición a la ‘agrupación’ de todas las relaciones respectivas" (3:169). Este ‘egocentrismo deformante’, como lo llama Piaget, se ve por ejemplo cuando el niño se centra solamente sobre una dimensión -la altura- y entonces piensa que un vaso más alto tendrá más agua que otro más bajo sin considerar la anchura de los mismos: no puede coordinar o agrupar varias dimensiones o varios puntos de vista entre sí, cosa que logrará recién al ingresar en el periodo operatorio. Piaget habla de un egocentrismo deformante porque para él, el egocentrismo "es, de una parte, la primacía de la autosatisfacción sobre el reconocimiento objetivo... y de la otra, la distorsión de la realidad para satisfacer la actividad y el punto de vista del individuo. Es, en ambos casos, inconciente, siendo, en esencia, resultado de una distinción fallida entre lo subjetivo y lo objetivo" (citado por Richmond en 19:45).

El egocentrismo de la primera infancia, que asimila las cosas al pensamiento incipiente (juego simbólico, etc.), "se manifiesta a través de la creencia en la reflexión todopoderosa, como si el mundo tuviera que someterse a los sistemas y no los sistemas a la realidad. Es la edad metafísica por excelencia: el yo es lo bastante fuerte como para reconstruír el universo y lo bastante grande como para incoporarlo" (8:99).

Manifestaciones típicas del egocentrismo en el periodo preoperatorio son, por ejemplo, el finalismo, el animismo y el artificialismo (véanse estos artículos) (8:43). Los siguientes tres ejemplos ilustran las formas que puede adoptar el egocentrismo en el periodo preoperatorio, mientras que los dos últimos muestran la desaparición del egocentrismo:

 

Edad: 3:7 (14) "Las escaleras están muy calientes. Me están haciendo daño".

Edad: 4:6 "Pataleo porque la sopa no está buena. Y si pataleo, se va a poner buena".

Edad: 6:0 "¿Por qué hay olas en el lago?" (pregunta adulto). "Porque las han puesto".

Edad: 5:11 "Parece que las escaleras se mueven porque vamos andando".

Edad: 6:3 (10) (El niño está dando vueltas) "Parece que las cosas están girando, pero la verdad es que no giran".

 

5. Egocentrismo operatorio.- "Así como el egocentrismo sensorio-motor va siendo progresivamente reducido por la organización de los esquemas de acción, y así como el egocentrismo del pensamiento propio de la primera infancia finaliza con el equilibrio de las operaciones concretas, así también el egocentrismo metafísico del adolescente encuentra poco a poco su corrección en una reconciliación entre el pensamiento formal y la realidad: el equilibrio se alcanza cuando la reflexión comprende que la función que le corresponde no es la de contradecir, sino la de anticiparse e interpretar la experiencia. Y entonces ese equilibrio sobrepasa con creces el del pensamiento concreto, ya que, además del mundo real, engloba las construcciones indefinidas de la deducción racional y de la vida interior" (8:99).

Pero además de un aspecto intelectual, el egocentrismo de la adolescencia tiene su aspecto afectivo: si el niño pequeño se siente inferior a los adultos y lo imita, el adolescente se sentirá como un igual a ellos pero sintiéndose otro distinto, queriendo sobrepasarlos y sorprenderlos transformando el mundo. "He aquí por qué los sistemas o planes de vida de los adolescentes, por una parte, están llenos de sentimientos generosos, de proyectos altruístas o de fervor místico, y, por otra, son inquietantes por su megalomanía y su egocentrismo conciente" (8:102).

El egocentrismo adolescente toma así "la forma de una especie de idealismo ingenuo, propenso a las propuestas inmoderadas para la reforma y la reorganización de la realidad y -de allí la ‘omnipotencia del pensamiento’ característica de todo egocentrismo- a una creencia inmoderada en la eficacia del propio pensamiento unido a una altiva desconsideración por los obstáculos prácticos que pueden enfrentar las propuestas" (18:244). Pablo Cazau

 

(3) Piaget J., "Psicología de la inteligencia", Psique, Buenos Aires, 1979.

(7) Piaget J., "La construcción de lo real en el niño", Ed. Nueva Visión, Buenos Aires, 1982.

(8) Piaget J., "Seis estudios de psicología", Ed. Seix Barral, Barcelona, 1968, 2° edición.

(9) Piaget J. e Inhelder B., "Psicología del niño", Morata, Madrid, 1978, 8° edición.

(18) Flavell John, "La psicología evolutiva de Jean Piaget", Paidós, Buenos Aires / México, 1981.

(19) Richmond P. G., "Introducción a Piaget", Ed. Fundamentos, Madrid, 1972, 2° edición.